Gracias, Billy

 

 

Aún estoy emocionado por el estreno de “Billy Elliot”, el que, sin duda, será el musical de varias temporadas en Madrid. Solo tengo palabras de elogio para su director, para la producción, para el equipo técnico y, cómo no, para el elenco, entre el que se encuentran los soberbios Natalia Millán, Carlos Hipólito y Adrián Lastra -junto a muchísimos más intérpretes excelentes-, y, sobre todo, Pau Gimeno, el niño que recrea al protagonista (son seis los que se van alternando pero en mi función estaba éste), y para el que todos los aplausos de la noche -y sonaron muchos- fueron pocos.

Bajo una puesta en escena impecable -con unos perfectos y sorprendentes decorados móviles-, y con un maravilloso sonido en directo, la historia de Billy es la historia de cualquiera de nosotros porque es la historia de una familia, de un pueblo, de problemas laborales, de enfrentamientos humanos, de frustraciones, de ausencias que se añoran… y, especialmente, es una historia sobre esas aspiraciones que todos tenemos y por las que, ocultas o no, intentamos luchar con más o menos empeño, con más o menos suerte. Al final, una historia sobre lo importante que es en la vida… soñar.

Ojalá todos fuéramos tan valientes como Billy. Ojalá nos dejáramos llevar más por el corazón y menos por los temores y las convenciones sociales. Ojalá tengan la oportunidad de ver esta función para aprender esa moraleja. Porque esto son dos días y uno ya se ha ido. Gracias, Billy por hacer renacer el niño que aún somos. Nunca es tarde para volver a ilusionarte y comenzar de nuevo.

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