Ese objeto de deseo…

En la vida he pasado por muchas etapas: fui un niño gordito, un adolescente calvito y muy introvertido, un chaval muy delgado que se encerró en el trabajo como parcela en la que desarrollarse… He tenido parejas mayores y más jóvenes a las que he dejado, que me han dejado… Lo que nunca me imaginé –ni nadie que me haya encontrado en el camino tampoco seguro- que iba a llegar a los 41 como he llegado, mejor de apariencia que nunca, más seguro que nunca de mí mismo y, en lo que al cuerpo se refiere, con un físico que a mí mismo me sorprende. Tan es así que, con toda la humildad lo digo, recibo continuamente mensajes en Instagram (que, por cierto, es @yoestoycomonunca) de gente, muy guapa la mayoría, que se interesa por mí y que quiere conocerme. Vamos que, en cuestión de dos años, me he convertido en eso tan nuevo para mí como es ser “objeto de deseo”.
Así que, a una escala ínfima, puedo imaginar qué pensará David Beckham, de mi quinta, cuando ha sido considerado el “hombre más sexy del mundo”. O ese impresionante Brad Pitt, que ayer cumplió 52 añazos y que no puede ser más irresistible porque, a lo que la Naturaleza ya de por sí le ha dado, ha sumado el poso de la madurez que, bien llevada, para mí no es comparable con ninguna juventud, por hermosa que ésta sea.
Desde ese estatus he aprendido que, a nivel emocional, ahora soy yo quien elige porque, quien tenga a mi lado, debe valorar lo mucho que puedo aportarle si sabe bien aquello de “El principito” de que, más allá de la apariencia, “lo esencial es invisible a los ojos”.

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