Envidia sana

 

Casi como un cuento. O sin el “casi”. Como un cuento transcurrió la celebración, ayer sábado por la noche, del cumpleaños de la doctora Carmen Danta, una de las responsables de la que es una de las clínicas estéticas más conocidas de Sevilla: Clínica Marest. Mamen, como la conocen sus más allegados, llegaba al medio siglo de vida rodeada del amor y el cariño de amigos como su socia, Esther Merino, y su novio, el estilista Alessandro, la diseñadora Aurora Gaviño, Consuelo Alcalá y su hija, Gabriela Ostos, Paco Cerrato, la popular Marta Cabrera o mi querida, la siempre clara y directa, Silvia de Carrión.

Un festín regado de Möet Chandon y con un exquisito catering servido en Río Grande y donde, sin duda, fue el postre el mejor de todos los platos. Y no me refiero a la tarta -que también estaba riquísima-, sino a la sorpresa que la pareja de Carmen, Víctor, le había preparado teniendo, aparte de a todos los asistentes, a la Torre del Oro, al fondo, como muda testigo de una escena de ésas que ninguno olvidaremos. Allí, después del agradecimiento de la anfitriona a sus invitados, su novio le declaró públicamente su amor aprovechando para arrodillarse ante su dama y, sacando de su bolsillo la correspondiente cajita, mostrar un anillo de compromiso para preguntar aquello de “¿Te quieres casar conmigo?”.

 

Todo un caballero emocionado -hasta la voz se le quebró-, este arquitecto que, con su gesto, hizo brotar una envidia sana en un ambiente donde, de pronto, volvimos a creer que, estas cosas, siguen pasando. Aunque sea a otros…

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