El poder de la música

 

Muchas veces los cantantes dicen aquello de “si con una canción pudiera cambiar algo, me gustaría que fuera…”, dando la sensación de que hasta dudasen del inmenso poder que tiene esa música a la que dedican gran parte de sus vidas. Personalmente no entendería estar aquí, en este mundo, sin poder cantar (y escuchar cantar a otros/as) cada mañana, cada tarde e incluso cada noche y madrugada. No sé si es por aquello de que “el que canta, su mal espanta” o por otra razón, pero lo cierto es que, desde pequeño, me apasiona todo lo que tenga que ver con este arte.
Y sí, una melodía puede hacer que muchas cosas sean distintas a cómo eran. O si no, que se lo digan a Salvador Sobral quien, desde que ganó la pasada edición de Eurovisión con “Amar pelos dois”, pasó no solo del anonimato a ser famoso sino, más allá incluso, a formar parte de nosotros mismos. Escucho, mientras escribo este texto, su interpretación en el Festival y estas líneas fluyen más emocionadas al saber que ha abandonado el hospital tras la recaída que tuvo después de su trasplante de corazón. Porque este portugués de anacrónica estampa supo tocar con su delicada garganta el alma de millones de personas que siguen creyendo en que, hablar a media voz, también es posible. Hasta en los tiempos que corren, de gritos y discusiones.
Por eso, cuando se pronuncia su nombre, saltan las señales de alerta y todos prestamos atención para saber cómo está ése que logró, durante unos minutos, que nuestra realidad fuera distinta. Un pequeño milagro al que nunca, al menos yo, estaré suficientemente agradecido.

 

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