El Koala: “Nosotros teníamos un corral como local de ensayo. Los niños de ahora tienen la “tele”

Una década después de su primer éxito, ‘Opá, yo viazé un corrá’, sigue al pie del cañón con un trabajo, “El Koala se acerca a la ciudad”, del que “Las niñas que se peinan” un el nuevo single a través del que vuelve a divertirnos y a hacernos bailar a partes iguales

por Ricardo Castillejo

 

Desprende humanidad por todos los poros de su cuerpo. Manuel Jesús Rodríguez Rodríguez, malagueño de nacimiento pero australiano de apodo. Al menos de aquel continente proceden los koalas, sobrenombre que a nuestro protagonista por cómo se agarraba a los andamios cuando trabajaba en la obra. Diez años después de habernos conquistado gracias a ese rock rústico que descubrimos con “Opá, yo viazé un corrá”, este rebelde con muchas causas continúa haciendo realidad cada día el sueño de su vida dedicándose a la música, lo que más le apasiona.

-¿Cómo podrías describir lo que es tu profesión para ti?

-Una forma de tenerme a mí mismo, una terapia. Desde que tenía 16 años ha sido un camino para ser feliz. Componer, escribir letras, hacer melodías… Y si encima comunico, ya es lo máximo.

-Cuando se piensa en ti se piensa en alegría…

-Por supuesto. Es cierto que se me relaciona con momentos de felicidad y de fiesta y eso es lo que pretendo transmitir. Para los temas tristes ya hay otros que se pueden encargar de eso.

-¿Te verías, por ejemplo, hablando de amor?

-Sí, pero a mí manera (risas). Trato el amor, incluso el romántico, el desamor… pero desde mi perspectiva sarcástica, que no sea repetir lo que hacen otros con las tres frases de siempre: “me falta el aire”, “te fuiste” y “sin ti no puedo”. En mi caso prefiero usar otras palabras.

-¿No te genera conflicto que se te quite mérito? ¿Que parezca que lo tuyo, por divertido, menos elaboración?

-“Ande yo caliente…”. La música es música. No la hay menor y mayor. Es como en el cine, los dramas y las comedias. Unos no son más que los otros. Además, España es un país de canciones. El que quiera reír, que ría, y el que quiera llorar, que llore. Pero claro que detrás de lo mío hay un gran “curro”. Lo demás es por un problema que tenemos los humanos por poner etiquetas. “Tú eres flamenco”, “Tú eres reguetón”, “Tú eres canción del verano”… ¿Qué más da si el título es “Una vieja y un viejo van para Albacete”?

-Y si fueras tú el que tuvieras que ponerte una de esas etiquetas, ¿cuál sería?

-¡Uf! La de músico-autor-creador. Eso es lo principal para mí y lo que, desde el principio, me ha atraído. Lo demás son circunstancias.

-El tener un éxito tan grande como “Opá vo yiazé un corrá”, ¿es bueno o malo?

-Para mí fue buenísimo. Logré un Disco de Oro, número 1 en descarga de móviles… Después de tanto “amor, amor” apareció un loco diciendo que iba a hacer un corral -y todo el mundo lo bailaba-, y creo que fue algo feliz. En los conciertos tengo que tocarla dos o tres veces y, si no lo hago, amenazan con tirarme al río (risas). No pretendo superar ni igualar aquello ni voy a medirme con nadie.

-Te vino la popularidad en un momento vital más adulto… ¿Sacaste de eso alguna enseñanza concreta?

-Esperar nada, desear, menos y procura tener la guitarra bien afinada. Tenía 36 años. Me encanta eso de que todo sea imprevisible. He visto a ejecutivos de multinacionales tirándose de los pelos porque algo con una inversión fuerte no ha funcionado y a chicos que, colgando una maquetita en youtube, tienen millones de visitas y un montonazo de bolos por los pueblos. ¿Tú te crees que Los del Río iban a saber lo de “Macarena”? Eso es magia pura.

-¿Hay algo, de todo lo que te han dicho, que te haya emocionado especialmente?

-Pues mira, una vez una señora comentó que yo le gustaba porque cantaba una cosa y tocaba otra. Surrealista total.

-¿Tus referentes en España?

-Los artistas puros. Yo bebo Jack Daniel`s. Manolo García, Los Suaves, Sabina, Manolo Tena… Me interesa solo lo bueno, lo que es “pata negra”.

-¿Qué le falta y qué le sobra a nuestra música?

-Falta pureza, autenticidad, figuras originales. Y sobra “garrafón”. Mucha copia de copia de copia.

-¿Te parecen bien programas como “La voz”?

-Sí, hombre. Los chavales pueden ir a presentarse, los padres verlos, llorar un poquito… Nosotros teníamos un corral como local de ensayo. Los niños de ahora tienen la “tele”.

-¿Te plantearías ir a un “reality”?

-Bueno, mi parte cómica y de personaje sureño me atrae sobre el escenario pero, en otro lugar, tengo mis dudas. No sé si disfrutaría y me lo pasaría bien o iría en contra de mi naturaleza.

-¿Un “Supervivientes” sería factible?

-No porque me gusta el jamón y desayunar bien en mi casa y no tengo ansiedad de dinero. Se puede ir de las manos porque el hambre es muy mala y puede removerte el coco y hacerte discutir por una tontería. Mi abuelo pasó una guerra y me decía: “Haz lo que tengas que hacer pero no pases hambre nunca”. Y en esto mío lo pasas mal, sí, pero tú eres dueño de tus hambres.

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