El ejercicio del periodismo

 

 

Los periodistas, cuando cobramos, somos de los colectivos que peor cobramos. Y de los que peor horario laboral tenemos. De hecho, aquí no hay horario. Lo mismo debes cubrir un evento a las diez de la noche, que una huelga a las siete de la mañana. Tampoco caemos simpáticos, porque hay quien piensa que estamos todo el rato fisgoneando sacando información que luego utilizamos a nuestro antojo para malmeter o hacer daño. Tenemos que estar formándonos continuamente, acorde a lo que la sociedad va moviendo, y, desde hace un tiempo, vemos cómo las empresas que se dedicaban a esto, van mermando o, directamente, desapareciendo. En definitiva, los periodistas tenemos hacia nuestra profesión un amor incondicional sin el cual no se explicarían tantos sacrificios.

Lo que no somos es serviles. No estamos para decir que todo es bonito, y que todo sale bien, y que la gente es maravillosa. Nuestra misión es la de, cuales Pepitos Grillo, analizar la realidad para que, de eso, podamos tener un mundo mejor. Al final, un noble ejercicio que requiere de mucha templanza y de mucha mano izquierda para capotear todo tipo de temporales.

Porque cuando no gusta algo que decimos, no vean cómo se pone el personal. Monta en cólera, te mandan mensajes poco agradables, te ponen piedrecitas en el camino o, directamente, te vuelven la cara si se encuentran contigo en un evento público. Cosillas a las que, al final, uno se acostumbra, durmiendo tranquilo cuando se sabe que se está ejerciendo con la mayor honestidad posible en tiempos tan deshonestos como los nuestros.

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