El circo, alimento del pueblo

 

En la inauguración del “Goiko Grill” de la calle Albareda el jueves -que tiene las hamburguesas más ricas que he comido nunca- me encontré a una amiga modelo que, nada más verme, me comentó si había leído el reportaje que escribió el otro día mi compañera y amiga Ana García, de El Mundo, sobre la “guerra” entre SIMOF y “We love flamenco”. Y no solo lo había leído sino que, más allá, la propia Ana me había contado sus pormenores antes de publicarse para explicar en él, con mucho lujo de detalles, parte de lo que se cuece entre ambas pasarelas.
Admiro de corazón a esta veterana profesional sevillana y me encanta comprobar que todavía se hacen trabajos en prensa que merecen la pena, aunque eso pase por tener que llevar los periodistas la etiquetita de molestos (o, más llanamente, “tocahuevos”). Es lo que hay. Si hubiéramos estudiado para médicos curaríamos a la gente, pero lo que somos es analistas de la sociedad y portavoces hacia la misma de los pormenores de lo que sucede en ella. Sea como sea, ya sabemos que Raquel Revuelta no soporta a Laura Sánchez y que, entre Pedro González y Javi Villa, directores artísticos de ambos espacios de moda flamenca, los “dardos” se lanzan cargados de veneno.
Tampoco se va a caer el mundo por hablar de ello. Está en la esencia del ser humano enfrentarse de continuo con el de enfrente para demostrarle que se es más que el otro. Porque, desde los romanos, el circo siempre fue el entretenimiento favorito del pueblo.

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