El arte de la sutileza

La verdad es que, a día de hoy, me alegra que la Naturaleza no me haya dado más vello en la barba porque, en realidad, ¿para qué? Hace tiempo me dio por dejármela –porque uno termina pasando, aunque no quiera, por todo-, y el fallecido Miguel Narros, en una entrevista, me riñó avisándome: “No sé por qué a los guapos os da por poneros cosas para taparos la cara”. Yo, que nunca me he considerado físicamente nada especial, pensé (viniendo la sugerencia, además, de una persona tan sabia): “Pues lleva razón”. Y me la quité.

Ahora se ha vuelto a poner de moda y, sobre todo entre el colectivo gay, raro es el que no tiene, más o menos recortadita, una… ¿para demostrar tal vez más supuesta masculinidad? ¿Con intención de disimular defectos? ¿Por crear un “look” cuidado-descuidado? No sé pero lo cierto es que hasta el mismísimo David Beckham la ha hecho crecer y, cual leñador de la más profunda Canadá, compareció ayer en la Gran Vía de Madrid para presentar una selección de prendas en la que, supuestamente, ha participado él solito. Podría caer en aquello de que él está bien con lo que sea pero, la verdad, a mí no me gustaban sus “pintas”.

Eso sí, la gente se le echó encima y no me extraña puesto que el hombre vale porque, por si fuera poco, más allá de la belleza confesó que había una persona sutil algo que, en tiempos donde la sutileza brilla por su ausencia, se agradece. Ojalá se cultivara ésta tanto como el aspecto físico. Seríamos mucho más felices.

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