El amor y el calendario

Nunca he tenido prisa para casi nada. Ni tampoco he sentido que el tiempo fuera mi enemigo. Tal vez por eso nunca he tenido problemas para relacionarme con personas de cualquier edad (siempre de esencia joven, eso sí) ya que, en realidad, todos coexistimos a la vez y, aunque hayamos venido al mundo antes o después, el presente es el mismo y el futuro igual de incierto. Así que, en cuanto me quité de encima la tontería adolescente de pensar que una pareja tenía que pasar según qué requisitos (aunque ya había perdido oportunidades de conocer a gente estupenda), lo mismo me he encontrado en el camino con relaciones que me han superado en años que otras en las que el mayor era yo.

Sin embargo reconozco que aún hoy hay quien tiene prejuicios ante estar con alguien de quien le separe desde un lustro hasta, ¡peor aún!, a partir de una década. Y esa cuestión se pone sobre la mesa tanto en la ficción de series como “Mujeres desesperadas” –a la que me he enganchado recientemente y donde, en uno de los capítulos que he visto esta semana al personaje de Susan (Teri Hatcher) se le presenta esa circunstancia-, como en cualquier caso real para el que acudo al ejemplo de Alejandro Amenábar y su chico, David Blanco.

Con 42 años el director y 27 su novio, ambos han decidido darse el “sí, quiero” como cualquier matrimonio tradicional porque cierto es que el amor y el calendario no están reñidos. O al menos, si en lo que creemos de verdad es en los sentimientos, no deberían estarlo.

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