Diana Navarro: “En el amor insano por mucho que das, menos recibes”

La artista, que fue portada de la edición de “Sevilla Magazine” el pasado mes de Junio, lanza “La esencia”, punto y aparte tanto de su faceta profesional como de su experiencia personal

Ricardo Castillejo

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-¿Qué es ‘La esencia’?

-El resumen de ocho años de trabajo, el agradecimiento a quienes me siguen y una declaración de intenciones del que será el siguiente trabajo de temas nuevos… ¡Ah! Y mi debut como intérprete…

-¿La esencia cambia?

-No. Se transforma y, aunque depende del caso, suele ir para mejor.

-¿Cómo se hace eso de mejorar?

-Con empatía e intentando estar el mayor tiempo posible conscientes. Pensar en qué estado estás y valorar si eres generoso con los demás. Lo que das, a ti mismo te lo das.

-¿Y qué ha dado Diana Navarro?

-Me he dado toda. Para lo bueno y para lo malo. Como me he casado conmigo, me gusto mucho (risas). Adopto a todo el mundo supongo que llevada por mi vena materna. Además soy muy perfeccionista.

-¿Casarse con alguien lo descarta?

-No pero tendría que ser alguien generoso. Se casaría con dos: la persona y la artista. En el lote no hay separación.

-¿Son muy diferentes las dos?

-La artista sin la persona no sería nada. Cuando me di cuenta que no me había moldeado como ser human-o, empecé sobre ello. Había tocado fondo y tuve que hacer un repaso de lo que me hacía feliz e infeliz. Es injusto echarle la culpa a los demás a pesar de que son nocivos quienes mienten y engañan.

-Pero terminamos ‘enganchados’ de ellos…

-Es que le damos poder con nuestra inseguridad. Te hacen sentir que no eres nadie y te lo terminas creyendo. Pasa cuando te enamoras de forma insana pero no eres consciente. Por mucho que das, menos recibes. Pero sigues ahí… Estoy componiendo en torno a eso porque he transformado mi dolor en mi herramienta.

-¿Cómo es el amor sano?

-Es entrega, generosidad… Sin recibir nada. Cuando hay amor es un espejo.

-¿Es de las que piensan que ser artista impide mantener relaciones normales?

-No. A mí no me ha pasado. Adquieres más responsabilidades pero yo me he sentido bien. Como de diario tampoco me conocen demasiado… Me reconocen después pero a mi gente lo que le importa es la persona. Soy muy confiada, para bien o para mal, y no quiero dejar de serlo. Si se me acerca alguien entiendo que es porque quiere conocerme a mí.

-¿Cómo le gustan los hombres?

-Que estén bien (risas). Me enamoro de la persona pero es necesaria la química, algo que te lleve más allá de lo racional. Y luego que sea sincero y transparente. Bastantes mentiras he pasado ya. He aprendido a ni juzgar ni suponer sin preguntar.

-De los buenos, suelen aprovecharse… -Puede ser. Pero las responsabilidades son al 50 por ciento. El victimismo no me va. Si se han aprovechado de mí, ojalá que hayan tenido un beneficio. Lo que no voy es a cambiar y dejar de ser como soy. Me gustaría que me vieran, como decía Marifé, como una amiga o una buena persona. Nada más… y nada menos.

-¿Se ve de mamá?

-Ahora mismo, no. Me he dado cuenta de que tenía que cuidar de mí. No quiero tener un hijo y no estar a la altura ni transmitirle ninguna frustración. Tengo cuatro sobrinos que me alimentan el alma (risas). Pero sí estoy segura que sería buena madre…

-¿Y la imagen? ¿La cuida?

-Estoy en plena forma haciendo un plan de seis meses pare endurecerme, tonificar y estar sana. Pesaba 80 kilos y me quedé en 60 y eso hay que trabajarlo. He cumplido 35 y quiero estar bien. Hago Pilates, boxeo y corro.

-¿Se atrevería con el botox?

-No sé. Me parece bien porque soy de las que piensan que “prohibido prohibir” pero creo que paraliza la cara, ¿no? (risas).

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