Despedida entre muchos lunares, estampados y volantes

La última jornada de SIMOF dice adiós con una pasarela que culminó en un desfile compartido de Costura Flamenca donde se dejó claro que, a esta moda, le queda todo el futuro por delante

por Ricardo Castillejo / Fotos: Jesús Green – Chema Soler

Gente, mucha gente. Volantes, muchos volantes. Y estampados, muchos estampados. Y lunares, muchos lunares. El Salón Internacional de la Moda Flamenca no deja de crecer y eso, la verdad, es una alegría para todos. Una pasarela principal y otra alternativa más una zona de baile, stands por doquier, diseñadores, complementos, zapatos, suministradores de tejidos, perfumes y hasta, por decir, un centro estético. El abanico se abre cada vez más y esto es un gigante que se está convirtiendo en una segunda Feria de Abril, pero en febrero.

Y así, entre sevillanas y música dance, transcurrieron desfiles, por la mañana, como los de Yolanda Moda Flamenca, Atelier Rima y los compartidos de “De lunares y volantes” y Francisco Tamaral y Adelina Infante y Mayka Santos. Yolanda Moda Flamenca, con más de cuatro décadas de existencia, ofreció en “Flamenca interracial” posibilidades para todas las mujeres, dentro de un patrón más bien tradicional y donde abundaban los blancos, negros, maquillajes y verdes esmeralda. De seguido, Atelier Rima nos transportó a otro universo flamenco donde los hilos conductores son la solemnidad, la elegancia y, cómo no, el buen hacer. ¡Qué bonitos paisajes bordados! ¡Qué preciosos canasteros jalonados con volantitos! ¡Qué faldas ceñidas que se abren en amplios vuelos! Por si fuera poco, Noelia López –“estrella” invitada-, cerró este tiempo llevando un abrigo, que bien pudiera ser de una zarina rusa (de ahí el título global de “Queen”), bajo el que se encontraba un increíble modelo negro adornado con encaje y pedrería en mangas y cuello.

En cuanto a “De lunares y volantes”, aportaciones en “Gitana” como los cinturones en los mantoncillos, aplicaciones de lentejuelas y transparencias en escotes muy pronunciados (junto a su clásico volumen en las faldas). Un trabajo muy diferente al del cordobés Francisco Tamaral, el cual soñó con una “Quimera” ocupada por volantes rígidos con efecto de transparencia y dos piezas de blusa y pantalón. Raso y tul bordado sirvieron como cimientos a un universo muy original y propio. Antes del breve descanso del mediodía, Adelina Infante tuvo una “Revelación” y unió diferentes tejidos en un mismo volante y jugó con volúmenes demostrando su dominio del patronaje y Mayka Santos tituló “Mis diosas” a un homenaje a la mujer derrochando pedrerías, apliques y encajes en un arcoíris que iba desde los colores más claros y dulces a otros más contundentes.

Una auténtica maratón que dio paso a otra, vespertina, con un multitudinario cierre. Ahí, Ernesto Sillero y Miriam Galvín, las Hermanas Serrano, Leticia Lorenzo y Rosapeula y Calandria y Sergy Garrido & Tapijú. Ernesto, el más esperado de la jornada, afirmaba entre bambalinas que no se esperase demasiado de su “Bamboleo”, pero lo cierto es que, este chico, lo hace muy bonito. Mostazas con hombros y puños circulares realizados con tules, bajos grises con cuerpos blancos y mangas rematadas, en el puño, con flores rojas, corales con mangas de farol, gasas a modo de capa… Un esfuerzo que despertó en el auditorio aplausos como los también recogidos por Miriam Galvín en el recuerdo que de su padre fallecido quiso hacer con “Eterno”, precioso recorrido por una vida plasmada en mikados y rasos, muchos estampados florales, siluetas entalladas y grandes lunares dentro de un ambiente, a pesar del dolor del que nace estos vestidos, de positividad.

Por su lado, las Hermanas Serrano fueron a la India a por unas telas brocadas tan fantásticas que, con cortes muy sencillos, lograron grandes resultados. Blancos con puños bordados con listas de colores, encajes de crochet, perforados… Mucha frescura para una recta final en la que nos faltan Leticia Lorenzo -artífice en “Olivia”, nombre de su hija, de unas voluminosas piezas, en malva, beige, rosas y azules, con vichy y encajes y estampaciones florales-, y Rosapeula, la cual construyó “El jardín de Rosapeula” sobre un derroche de ideas que giraban en torno al motivo floral.

Calandria recorrió la historia de la moda, en “Años de gloria”, deteniéndose en década como los 20 -con predominancia de encajes y plumas-, los 50 -con faldas midi-, los 70 –llenos de guiños hippies como mantoncillos de tiras de ante y formas más amplias y ligeras-, o los 90 -en los que no faltaban las mangas de farol o los estampados Versace-. Y respecto a Sergy Garrido & Tapijú, sus “Bad girls” pusieron ritmo disco a una pasarela que se inundó de estampados psicodélicos, naranjas, rojos, buganvillas y mostazas todos con detalles hechos por las mismas manos responsables de unos complementos de tela realmente espectaculares -increíbles sus maxiaros– y que apenas pesaban nada. Nuevos caminos que se abren para este sector que, representado en las asociaciones “Qlamenco” y “Mof&Art”, despidió esta edición de un SIMOF el cual, 25 años después, no tiene, por envergadura y trascendencia, competencia. ¡Enhorabuena a todos los que están, delante y detrás, de esta aventura! ¡Larga vida a la flamenca!

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