Desarmado ante la batalla

De lo que más me arrepiento en mi vida es de haber hecho daño a aquellas personas a las que más he querido y que más me han querido. Sé que a todos nos sucede en algún momento algo así pero hoy, coincidiendo con el Día de San Valentín, he querido aprovechar este pequeño espacio tan íntimo –y a la vez tan público-, para realizar esa confesión. Decimos cosas que no solo no sentimos sino que están en el lado opuesto de lo que dicta nuestro corazón, pagamos nuestras frustraciones con quienes más generosos son con nosotros y hasta nos permitimos el lujo de pedirles que se marchen a esos que, en realidad, lo que deseamos es que no nos abandonen jamás. Así de miserables y de tiranos y de complicados y de extraños somos los seres humanos.

Fruto seguramente de comportamientos mal aprendidos (o de temores escondidos en lo más profundo de nuestro ser), lo cierto es que, ante el amor, la mayoría de las veces actuamos de forma contraria a como deberíamos. Y claro, luego viene el arrepentimiento, la autoflagelación, el encontrarse perdido y el estar cada vez más presos de palabras que ojalá ni siquiera hubieran existido.

Solo nos queda, siguiendo el consejo de mentes tan lúcidas como el siempre recurrente Shakespeare, apelar a la generosidad (un bien divino) de esos a quienes herimos y empezar a demostrar con hechos lo que, de otra forma, no supimos expresar. Tal vez tengamos la oportunidad de rectificar y demostrar que ciertas batallas solo pueden ganarse si uno las libra desarmado.amor-ciego

(Visited 47 times, 1 visits today)

Leave a Reply