Demarco Flamenco: “Volvería a repartir el butano y a lo que sea con tal de sacar a la familia adelante”


En dos años le ha cambiado la vida y, de repartir butanos, ha pasado a repartir ilusiones con la música. Demarco Flamenco estrena “Le sonrío al agua”, álbum donde propone la fusión del flamenco con ritmos como el pop latino o el trap.

Por Pepe Zarza

Marco Jesús Borrego tiene 40 años, está casado y tiene una hija. Muchos le conocen como Demarco Flamenco, ya siempre le llamaron “el hijo de Marco”, pues su padre era también cantante. El arte le corre por las venas desde pequeño, aunque no dio el salto a la fama hasta hace dos años, cuando pasó de ser butanero a vivir de la música en tan solo unos días. En ese tiempo se viralizó uno de sus temas, “La isla del amor”, que acumula más de 100 millones de reproducciones en Youtube. Ahora, Marco ha vuelto con su segundo disco, muchas ilusiones, y algún que otro miedo…

-¿Qué nos propones con «Le sonrío al agua»?

-En este disco hay un paso más en la fusión. Han entrado elementos nuevos, como el ritmo del trap, y también existe un salto en la calidad de producción con respecto al primer álbum.

-¿El flamenco se puede fusionar con cualquier género?

-Sí, totalmente. Es una de las músicas más ricas, y no solo se puede ver con lo que yo estoy haciendo. Esto viene de hace mucho como, por ejemplo, lo que hicieron Enrique Morente o Camarón. Ellos lo fusionaron con los ritmos que había en su momento, el rock andaluz o el pop, y nosotros lo hacemos con los actuales, el pop latino o el trap. 

-Le cantas ahora a la felicidad…

-Cuando terminé de componer «Le sonrío al agua» me di cuenta de que ese tenía que ser el nombre del disco. Estoy viviendo un momento súper feliz gracias, a lo que me ha pasado en estos dos años y a que me he podido dedicar a lo que siempre he soñado. No me echan atrás ni los días grises y ese tema habla de eso, de sonreír cuando está lloviendo. 

Con mis compañeros del butano tenemos un grupo de Whatsapp. Si te rodeas de personas que están diciendo todo el rato que eres muy bueno, no te beneficia”

-¿Antes te costaba más encontrar esa alegría?

-Es que vivo una etapa muy dulce. Antes era feliz en otros ámbitos, pero me dedicaba a otra cosa que no me llenaba tanto como la música. Era repartidor del butano. 

-¿Crees que por venir de ser butanero se te puede mirar de otra manera en la industria?

-A mí me han respetado y que yo venga de ahí me sirve para tomarme todo esto como un sueño cumplido y valorarlo muchísimo más.

-Si por algo, al final, esto no saliera bien, ¿tendrías algún problema en volver?

-Ninguno. Volvería a repartir el butano y a lo que sea con tal de sacar a la familia adelante, pero ojalá me mantuviera igual siempre, sino cantando, componiendo o produciendo.

Vengo con un pasado de haber sido un currante. Es una vida que cambia radicalmente porque pasas de no conocerte nadie a que se te acerquen personas y te digan que les gusta lo que haces con admiración…”

-Esa “leyenda urbana” de que los butaneros son ligones, ¿qué tiene de verdad?

-Hay de todo, butaneros feos, guapos… Igual que los cantantes (risas). Eso se queda todo en mitos y tópicos. No tiene por qué ser cierto.

-¿Cómo llevas el tema de saltar a la fama?

-Bien. Creo que la edad ha sido primordial para esto, puesto que vengo con un pasado de haber sido un currante. Es una vida que cambia radicalmente porque pasas de no conocerte nadie a que se te acerquen personas y te digan que les gusta lo que haces con admiración…

-¿Y tu familia? ¿Lo ha aceptado bien?

-Le resulta más duro el que esté tanto tiempo lejos de casa, cuando tengo promoción o estoy de gira, que el propio hecho de la fama. Además, mi casa está en Utrera y, aunque me conoce todo el mundo, puedo pasear muy tranquilo.

-¿En algún momento se te ha subido la fama a la cabeza?

-No, porque tengo mi gente, mis amigos de siempre… Incluso mis compañeros del butano, que tenemos un grupo de Whatsapp. Si te rodeas de personas que están diciendo todo el rato que eres muy bueno, no te beneficia. Estar con quienes te hacen saber que te llamas Marco, y que Demarco es solo trabajo, te ayuda mucho.

-¿Asimilaste bien el éxito de «La isla del amor»? ¿Fue inesperado?

-Nadie imaginaba que una canción flamenca sonara en tantos sitios y que nos diera tanto. Fue un «boom» y no me dio tiempo a pensar en nada. No soy ningún enfermo de los números y no me gusta estar todo el día viendo las visitas en Youtube o Spotify. Disfruté lo que estaba sucediendo.

-Sergio Ramos ayudó a que se conociera la canción… ¿Tenéis relación a día de hoy?

-Sí. El año pasado hicimos el tema de la selección española para el mundial… No tenemos mucha relación porque, entre las ocupaciones de él y las mías, es complicado. El otro día me invitó a verlo jugar contra el Valencia en Mestalla.

-Ya que se casa, si te pidiera que le cantaras en su boda, ¿lo harías?

-Claro que sí. Aunque creo que tiene a muchos para actuar allí… Además, también Pilar quiere que haya música de la que a ella le gusta, y ya dijo él que le tiene preparada una sorpresa muy grande.

-¿Te da miedo bajar el listón?

-Siempre se tiene mucha responsabilidad. Yo terminado el trabajo que quería. Hice mucho hincapié con la compañía, con el productor y con todo, porque tenía que estar satisfecho con lo que iba a sacar. Hasta que no lo he conseguido, no se ha lanzado. Lo demás, ya no depende de nosotros.

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