David Civera: “Ni tengo ego, ni lo he tenido nunca”


“Mundo diverso” es la apuesta musical que vuelve a traer a David Civera al panorama artístico, recién cumplidos los 40 y con un sentido de la ayuda a los demás más acrecentado que nunca

Por Ricardo Castillejo

Ya no es el mismo David Civera de “Dile que la quiero”, “Perdóname” o “Que la detengan”. O sí, es parte de ese David Civera, pero con la evolución que le ha dado la madurez y el paso del tiempo. Enamorado de su esposa, Ana María, y de sus dos hijos, Daniel y Laura, este turolense amante también de su tierra se desvela cada vez más como autor de temas con los que ir creciendo en una trayectoria jalonada de éxitos que, no obstante, jamás le han hecho perder ni su Norte, ni sus valores.

-En tu carrera se está viendo una evolución hacia cuestiones más sociales…

-Más que social, diría emocional. «Qué caprichosa la vida» fue el punto de inflexión del último proyecto y ya planteaba lo insignificantes que somos en el cosmos… Aquí hay un paso más, ha habido un ejercicio de autocomprensión conmigo mismo para saber qué quería hacer y no qué tenía que hacer. Me pregunté cómo podría llegar a la gente y dónde estaba mi verdad. Así nacen estas canciones, como una necesidad de reencontrarme con el niño que fui, igual que muchos que llevan su música por bandera, como Manuel Carrasco, que me ha ayudado mucho en este sentido. 

-Pero tú has sido siempre fiel a ti, ¿no?

-Desde que tengo la libertad de poder elegir siempre he sido fiel a lo que he querido hacer. Cuando empezó la carrera, evidentemente, te ves más atrapado dentro de una industria, una dinámica, unos objetivos y un estilo, pero el tiempo, los años, la experiencia, la madurez… lo cambian todo y es cuando empiezas a pensar en cómo puedes ser una mejor versión de ti mismo. Si tuviera que vivir con la presión con la que viví hace muchos años no tendría tiempo para dedicárselo a los demás. Ahora me gusta sentarme con amigos y construir a través de buena charla. 

-Con la llegada de los 40, ¿has notado el cambio que, dicen, hay?

-Dicen que es para mal, pero lo he notado para bien. Siempre he sido precoz en ese sentido pues, cuando tenía 18 años pensaba igual que pienso hoy. He llegado a un equilibrio entre lo que soy y mi edad. 

-Físicamente, ¿te preocupa el paso del tiempo?

-Cada vez hay que cuidarse más y empiezan a dolerte cosas que antes no te dolían (risas). Llevo peor los malos horarios, las comidas, los madrugones… Pero físicamente estoy bien, aunque me gustaría hacer más deporte.

-Tú has tenido siempre un perfil como «amable»…

-Nunca he hecho daño a nadie, eso es cierto. Cuando no he ayudado es porque necesitaba ayuda yo mismo y no me ha dado para más. Soy de escuchar, de abrazar… Mi perfil es de «aquí estoy para que pasemos un buen rato». Hubo momentos donde esa esencia mía se perdía por la dinámica, pero recuperarla ha sido lo más inteligente y lo más emocionalmente enriquecedor que he hecho. 

-¿Has despegado los pies del suelo alguna vez?

-No tengo ego, ni lo he tenido nunca. Soy un tío muy responsable, me exijo mucho y jamás he dejado de pisar el suelo. Vivo en Teruel con mi mujer de toda la vida, tengo mis dos hijos… La música ha sabido esperarme mientras he estado con ellos. De hecho, seguiré priorizándolos.

-Tú ayudas a los demás, pero a ti, ¿quién te ayuda?

-Tengo la suerte de tener a mi esposa, que es mi cimiento. Encontrarme a amigos de la infancia y abrirme con ellos también me ha servido mucho. 

-¿Sigues bailando tanto como antes?

– Sí, yo la «chispa» la llevo en el cuerpo (risas). Ahora estoy en una época más interiorista, pero bailar y ser canalla, me gusta. Puedo ser una versión más alocada, me meto en el papel que me apetece meterme.

-¿Y una versión malhumorada existe?

-Soy capricornio, muy sensible y, no sé si es por los años, pero cada vez aguanto menos lo que no es lógico. Te vas pareciendo más a tus padres y a tus abuelos… Una versión mía cabreada es dura de llevar (risas). 

-¿Por qué te puedes enfadar?

-Faltas de respeto, de educación… Me enfadan mucho los excesos o la falta de límites en redes sociales que tiene la nueva oleada de «Millenials». El problema viene del liderazgo que ejercen los maestros y, sobre todo, de los padres, pues de ahí parte la educación. Una cosa es libertad y otra «libertinaje». Puedes ser amigo de tus hijos, pero primero tienes que ser padre y líder. 

-Me gustaría escuchar una reflexión tuya sobre la política…

-Nos faltan “Nelson Mandelas”, líderes humanos. Para hacer política y pensar en el pueblo hay que ser humano y creer en las personas. He conocido una España muy boyante en el año 2000 y ahora hay una que está ahí, sustentándose como puede. Gente con tres carreras y sin trabajo, pensionistas asfixiados, desequilibrios… A los partidos que se mueven dentro de una normalidad les diría que la política no tiene color ni izquierdas ni derechas, tiene líderes de verdad. 

-¿Trabajas para vivir?

-Vivo antes que trabajar. Evidentemente se necesita el dinero, y más cuando tienes hijos, pero ya no trabajo por eso. Tengo la espalda cubierta porque sigo haciendo que mis inversiones funcionen. Vuelo solo desde el 2009, sin compañía, y, aunque hay una carga empresarial, pero no me obsesiona.

-¿Te veremos en «Tu cara me suena»?

-Eso es una asignatura pendiente… Con Gestmusic, la productora, tengo muy buena relación. Estuve en «La mejor canción jamás cantada» hace muy poco, pero «Tu cara me suena» me da cierto vértigo y respeto. No tengo miedo ni sentido del ridículo, aunque pienso más en mis hijos que en mí, los niños son muy crueles…

-Por cierto, en el momento en el que estamos quizás no suene tan bien eso de «que la detengan, que es una mentirosa»…

-Para empezar, yo no la he compuesto (risas). No ha sido nunca con un ánimo machista, al revés, mis mejores amigas han sido siempre mujeres. Me he entendido siempre mucho mejor con las chicas que con los chicos. Está bien que el mundo deba ser equitativo en todos los grados, pero claro, los extremos son malos y no puedes pasar ahora al feminismo total. La cuestión es respetarse. 

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