Crónica de un sueño cumplido

Pastora Soler recogió, el sábado pasado, el éxito más multitudinario en solitario en su tierra, congregando a más de 7.500 personas en un espacio tan significativo para ella como el Auditorio de Rocío Jurado

por Ricardo Castillejo

Dicen que las cosas pasan porque tienen que pasar. Y que, con el tiempo, uno descubre el sentido de aquello que, en su momento, lo mismo no entendió. Así que, quién sabe si el desmayo que sufrió Pastora Soler en Fibes, en 2014, no fue el detonante para darnos cuenta -porque no siempre somos conscientes de lo que tenemos al lado hasta que lo perdemos (o casi)-, de la GRAN artista que alberga nuestra tierra. Quién sabe si, aunque a ella le llevara a pasarlo tan mal como lo pasó, sin aquello no habría renacido con la fuerza que lo ha hecho (y de la que más de 7.500 personas fuimos testigos el sábado por la noche en el Auditorio Rocío Jurado).

Allí, con el frío de este verano que parece no llegar nunca, las estrellas (incluida la hija de la artista), se alinearon para brindarle a nuestra paisana ese concierto con el que, desde pequeña, había soñado. Por Torneo -mientras construían el edificio para la Expo del 92-, pasaba Pastora cuando, de niña, iba a aprender a la academia de Adelita Domingo. Y allí mismo tuvo la oportunidad de ver a “la más grande” -de la que se dice es sucesora-, durante las representaciones de “Azabache”. Y a sus puertas hizo cola para aclamar las actuaciones de algunas grandes figuras que se presentaban a un público del que ella misma formaba parte.

Cosas de la vida. 25 años después es otra la mucha gente que hace cola. Y Pilar, más Pilar que nunca, la que pisa fuerte sobre el escenario… y fuera de él. Madre, esposa, hija, amiga. La de Coria del Río salió, como siempre, a darlo todo dentro de un espectáculo con una iluminación y puesta en escena de eso en lo que se ha convertido: una “estrella”. Así, con el pop como hilo conductor, recordó sus éxitos de siempre -como el “Dámelo ya” o el “Corazón Congelado”- y, sobre todo, los nuevos temas de su álbum, “La calma”. Pero también cantó copla -imprescindible su “Y sin embargo, te quiero”-, y, cómo no, flamenco -“Qué no daría yo”, en un explícito homenaje a “la” Jurado-. Eso sin olvidar su mítico ya himno eurovisivo, “Quédate conmigo”.

Con sorpresas como la “Niña Pastori” (para su versión de “Sevilla”), Vanesa Martín (compañera de “Perdóname”) o el querido Antonio Carmona (junto al que hizo, mano a mano, “Limosna de amores”), lo mejor de todo fue poder disfrutar la presencia y la dicha de nuestra paisana la cual, bien con un mono de lentejuelas color plata a con un rojo vestido largo de flecos y tirantitos, se veía radiante, feliz, segura… Sin embargo, aunque no me cabe duda de que le temblarían de emoción las manos, las piernas y hasta el corazón, hay algo que a Pastora no le tembló. Su garganta. Un torrente que ha regresado para dejar claro eso sobre lo que no teníamos ninguna duda pues, en este país, voces como la de “la” Soler, ninguna voz.

 

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