Carmen Alborch “El placer nos ayuda a vivir”

Senadora por Valencia en la actualidad, la que fuera Ministra de Cultura entre 1993 y 1996 se ha sincerado en un texto titulado “Los placeres de la edad” donde, desde la madurez de sus 66 años, ha querido reflexionar de la vida desde una perspectiva siempre positiva

Ricardo Castillejo

 

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Es una mujer luminosa. Amante del color y portadora de una eterna sonrisa, Carmen Alborch ha sido, desde que la conocemos, un ejemplo de inteligencia y de vanguardia. Ahora, disfrutando de su etapa actual como senadora por Valencia, la socialista ha querido enfrentarse al envejecimiento sin vergüenza ni prejuicios, intentando sacar de esta etapa (igual que del resto) el mejor aprendizaje posible. Así, en el que es su quinto libro, “Los placeres de la edad”, esta incansable luchadora analiza diferentes claves vitales desde una perspectiva mucho más madura y serena y, por tanto, con una sabia perspectiva a tener en cuenta.

-Utiliza una palabra en el título de su obra, “placer”, que en nuestra cultura viene asociada al dolor…

-Es cierto. Hasta parece que con tantos problemas y desigualdades hablar de ello te coloca en una esfera hedonista y trasgresora. El placer nos ayuda a vivir. Es como si nos resignáramos a una existencia que sea un valle de lágrimas sin disfrutar de lo que está a nuestro alcance. El sufrimiento gratuito no te ayuda a crecer. Hay que querer y ser querido bien e intentar que las experiencias se transformen en aprendizaje.

-Con la edad, ¿se pierden o se ganan cosas?

-Pierdes y ganas pero, al final, eres tú, el resultado de esos momentos gratos en tu piel, en tu cuerpo. Algunas marcas más agradables que otras pero… ¡qué afortunada de haber encontrado gente que te haya enriquecido! Terminas haciendo gustoso que la necesidad sea una virtud. Si no, estarías muerta… Aprendes a ser más prudente. De joven corres, de mayor, paseas.

-¿Considera la política otro “placer”?

-Es un compromiso. Tiene sus instantes placenteros y otros de inquietud. Absorbe mucho. Exige una dedicación y así debe ser, sobre todo cuando estás en un puesto alto de responsabilidad. Lo que pasa es que la ciudadanía está defraudada. Ha habido corrupción y los políticos no nos ocupábamos de lo que debíamos. Esa desconexión con el pueblo hay que solucionarla pero siendo exigentes con los que mandan.

-¿Piensa que quien sabe menos es más feliz?

-No. Saber está más vinculado con la felicidad que con la ignorancia. Desconocer es privarte de vitalidad.

LIBRO-CARMEN-ALBORCH-¿Con los años se deja de creer en el amor?

-La capacidad de amar no tiene por qué limitarse con la edad. Diferente son las oportunidades. Es más difícil iniciar nuevos vínculos amorosos, en especial para las mujeres (por la autoexigencia y la valoración social). Lo que sí es verdad es que, con el tiempo valoras más la comprensión, la sensualidad ante la acrobacia, una buena conversación con una buena comida y una copa de vino… Hay mejor selección y elección. Profundizar en una persona es interesante. Uno envejece como ha sido aunque modifiques parámetros para mejorar tu situación en el mundo. Debes tener una evolución lo más inteligente y más amable posible y dependerá de cómo te mires y cómo te miren los demás.

-¿En qué fallamos más en lo sentimental?

-En el amor romántico, en pensar que el otro es la solución de todo, en plasmar expectativas imposibles de cumplir. No se trata de tener a alguien al lado por encima de todo. Debe haber afecto, estímulo y un crecimiento mutuo. Lo frustrante es empeñarte en volver al pasado. Ahí ya estuviste.

-¿Cómo se le seduce a Carmen Alborch?

-No lo sé… Entiendo que debe ser alguien que esté en mis coordenadas. A mí me encanta tener amigos, hablar, pasarlo bien… Yo no me obceco con estar enamorada aunque tampoco cierro puertas. Mi semáforo está en color ámbar (risas).

-No tiene hijos… ¿Los echa de menos?

-Siempre puedes adoptar. Incluso siendo mayor… No pasa nada. En mi caso tengo sobrinos, ahijados… La mía fue una decisión libre.

-¿Le han querido o ha querido más?

-Ha habido un equilibrio. Me he sentido y me siento querida.

-Porque, en su balance, ¿hay muchos arrepentimientos?

-Hombre, siempre hay algo que pudiste hacer mejor o sufrimientos que pudieron ser evitables. Nadie es perfecto. Poder haber hablado de otra forma con alguna persona, haberle dado más besos a mi madre o haberle dado la oportunidad a alguien de que te conociera (y hasta a ti misma de conocerle). Todo es mejorable pero debes reconciliarte con tu pasado. Eso da una cierta serenidad reconfortante. Igual que eliminar a seres o relaciones tóxicas.

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-¿Cuáles son sus aficiones? Solo conocemos que le encanta la moda…

-Pues me gusta la jardinería y el cine. Y la amistad, que es una necesidad, un placer. Igual que mis vínculos con la cultura, el mar, conversar… El cine y el teatro forman parte de mí misma.

-¿Su escala de valores se ha modificado con el paso de los años?

-No. He luchado por la igualdad y por la justicia (por eso estudié derecho). La libertad forma parte de mí en lo privado y en lo público. Siendo profesora me preocupaba aprender y enseñar a la vez. He apoyado la creatividad y la democratización del saber.

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