Carlos Santos “Siempre me ha acompañado la suerte”

El popular actor de series como “El tiempo entre costuras” o, ahora, “Bienvenidos al Lolita”, representa estos días en el Teatro Quintero “La vida resuelta” y ha aprovechado para visitar la Clínica Marest

Ricardo Castillejo

Carlos Santos es un muy buen actor… y una excelente persona con la que resulta un gran placer compartir un tiempo como el que ayer pasamos a su lado en la Clínica Marest. Allí, aprovechando su visita a Sevilla para representar “La vida resuelta” (hasta el domingo en el Quintero), tuvimos oportunidad de conversar con él de muchas cuestiones, más allá de la estética, en plena efervescencia popular tras su éxito en “El tiempo entre costuras”. Con papeles en su trayectoria como el recordado Povedilla de “Los hombres de Paco”, este intérprete murciano de 36 años plantea ahora –sobre las tablas del teatro- los problemas e inquietudes de quienes, llegando a los 40, pertenecen a una generación “in”: “In-feliz” e “In-satisfecha”.

Carlos Santos junto a Mamen Danta, directora de la Clínica Marest.

Carlos Santos junto a Mamen Danta, directora de la Clínica Marest.

-Tiene un amplio registro a la hora de plantear personajes, ¿verdad?

-Bueno, hay un profesor que me decía que “la comodidad es el cáncer del actor”. Yo intento aportar cosas porque me resulta más divertido. En “Bienvenidos al Lolita”, por ejemplo, el acento gallego que uso partió de mí.

-¿Se siente reconocido en lo la “infelicidad” y la “insatisfacción” del argumento de “La vida resuelta”?

-Sería muy cruel decir eso en mi caso viendo la cantidad de compañeros que no pueden dedicarse a esto o cómo está el país. Trabajo en lo que más me gusta del mundo a pesar de que eso no signifique que todos tengamos sueños por cumplir.

-¿Hay conclusión en la obra?

-Que hay que disfrutar de la vida como viene porque es lo que nos ha tocado, lo hayamos elegido o no. Hay que aceptarse a uno mismo y cambiar pequeñas batallas poco a poco, no la guerra de pronto.

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Carlos Santos junto al resto de actores que protagoniza “La vida resuelta” que se representa estos días en el Teatro Quintero.

-Le está pillando esta representación en pleno “boom” de “El tiempo entre costuras… ¿Cómo lo está viviendo?

-De forma muy particular porque la rodamos hace dos años y medio y se ha pasado ese tiempo guardada en un cajón con lo que nos ha pillado con el cuerpo cambiado. Supongo que, por cosas de la crisis, la cadena decidió reservar la serie hasta encontrar los patrocinadores pero “Dios esconde las cosas delante nuestra para que las descubramos” y, al final, ha salido dando un toque de atención para que sepamos que el público sabe valorar las cosas bien hechas.

-¿Cree en la suerte o es más del esfuerzo?

-Hombre, es como aquello de Woody Allen de “que la pelota pase o no por la red”. Yo llegué con 22 años a Madrid y empecé enseguida a trabajar. Siempre me ha acompañado la suerte y ése es un elemento crucial.

-“Afortunado en trabajo, desafortunado en amores”…

-No es mi caso (risas). Llevo diez años en pareja y conviviendo con ella. Para mí es una base en mi vida. Mi pareja no se dedica a esto ni tiene nada que ver con lo mío. Es el tronco que hace que las hojas no se dispersen. Ésta es una profesión de inseguridades, en la que nunca sabes qué pasará porque, en general, todo puede cambiar en un instante. Por eso necesitas un punto de estabilidad que es el que yo he encontrado en casa.

Carlos Santos en "La Vida Resuelta"

Carlos Santos en “La Vida Resuelta”

-Entonces, ¿es cierto aquello de que los artistas son parejas complicadas?

-No es que seamos más especiales pero sí nos movemos en un entorno donde el halago, la crítica, los autógrafos son el día a día. Hay un gran culto al ego y, o lo tienes vapuleado, o inflado. Saber gestionar eso no es fácil.

-Hablemos de estética…

-Soy muy presumido para ser hombre. Tengo mi lado femenino desarrollado y me alegra porque es algo asociado a valores como la sensibilidad. Es importante sentirme seguro a la hora de salir en pantalla, que todo esté en su sitio. Si no, me pongo nervioso. Así que suelo darle la lata a las compañeras de maquillaje para que me retoquen, prueben… Luego, personalmente, soy de mirarme a los espejos y en las ventanillas de los coches (señal, como imaginarás, de inseguridad).

-¿Gimnasio?

-Es que, con mi edad, suelo estar en 65-66 kilos comiendo lo que me da la gana. Y eso que, en ocasiones, mi alimentación es muy mala. Esto sé que desaparecerá alguna vez y lo mismo me pasa factura pero, mientras tanto, aprovecharé (risas).

-¿Los hombres también sufren el desprecio de la industria en la madurez? (porque las actrices se quejan mucho de eso)

-Pero eso pasa en Hollywood sobre todo, ¿no? En España hay hasta una tendencia al cine femenino. No sé si será por Almodóvar pero el caso que es así. Además, hay tiempo para hacer de hijo y para hacer de padre. Lo que es ridículo es una abuela haciendo de hija…

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