Boris Izaguirre: “Soy un profesional de ser encantador”

El autor, vestido por Álvaro Moreno, nos ofrece su lado más seductor en el editorial de febrero de “Sevilla Magazine” -realizado en el Hotel Colón con motivo de la presentación de su libro, “Tiempo de tormentas”-, del que hoy realizamos la primera entrega

por Ricardo Castillejo

Él mismo lo dice: un tipo encantador. Así es Boris Izaguirre, venezolano amante de Sevilla que, cada vez que tiene oportunidad, viene a nuestra ciudad para, en este caso, presentar su nueva novela, “Tiempo de tormentas”. Un texto con tintes autobiográficos cuyo eje vertebral es su relación maternofilial y que nos sirve como excusa para profundizar algo en la personalidad de este hombre de 53 años que, desde el primer momento en el que lo conocimos en España -y ya hace dos décadas-, nos robó el corazón. Con él, como en la película de Vicent Minnelli, llegó el escándalo, aunque su escándalo nos gusta tanto que no podemos resistirnos a caer en sus redes…

-Antes de nada, ¿cómo es tu momento vital?

-Muy acelerado, muy ocupado. Despedí 2018 con cosas agendadas hasta abril-mayo. Es un logro y seguramente tiene mucho que ver en que, el agosto del año pasado -justo antes del “Huracán Irma”, de Miami, dije que tenía que terminar mi novela el 31 de agosto. Quería hacerla en cuatro meses y fueron cuatro años. Por eso le puse fin. Me fui a casa de mi hermana a Los Ángeles, que me insistió en que me quedara con ella, aunque me regresé porque en Miami tenía mi programa y mis cosas. Pensé que a la semana volvería a España, pero cerraron los aeropuertos y me quedé viendo algo que fue mucho más violento de lo que se ha querido reconocer. Fue atroz y, mientras pasaba, pensé que, por si me llevaba por delante, aprovecharía para hacer una lista de las cosas en las que me he equivocado. El huracán duró ocho horas. Terminé esa lista y empecé otra con lo que quería que se llevara y otra de la gente que me cae mal -algo muy difícil porque para mí es muy difícil decir la verdad-, y otra más de la que quisiera que se llevara el ciclón. Después vi más claro lo que quería, que era ser más yo mismo.

-Porque, hasta ahora, ¿no lo has sido?

-Me parece que hasta ahora he sido como alguien al servicio de otras personas u otros proyectos. En el fondo nos pasa a todos. El verdadero éxito en la vida es conseguir ser tú mismo, con lo que vas aprendiendo de todas las ocasiones en las que no lo eres.

-Hagamos un psicoanálisis… ¿Quién es Boris Izaguirre?

-Una persona encantadora (risas). Un profesional de ser encantador y es algo que sé hacer muy bien. En el fondo es casi como un servicio público. A lo largo del camino vas conociendo mucha gente a la que detestas y, encontrarte con alguien que te encante, es más difícil. En mi caso es imposible que vaya a todas las casas, como San Nicolás, pero sí puedo llegar a través de los medios mandando un mensaje que es mi naturaleza, no algo otorgado o que yo quiera transmitir.

-Conocemos de ti que eres elegante, buen profesional, rodeado de lujos… pero, cuéntame alguna miseria tuya…

-Que me chupé el dedo hasta muy tarde (risas). Sería una absurda inseguridad porque he tenido muchos privilegios. He nacido en una familia extraordinaria, he crecido rodeado de un entorno extraordinario, he aprovechado toda la información a mi favor… Ser inseguro era como un capricho y lo mismo una protección para que ese mundo maravilloso no se deshiciera. Mis miserias han sido esas tonterías, esas falsas necesidades a las que, de repente, me he aferrado mucho.

-Porque, ¿escribir una cierta biografía…?

-(Interrumpe) Es una novela. Muchos de mis libros recurren a situaciones en las que he estado inmerso y, de hecho, todos parten de un hecho real que he conocido o del cual me he alimentado y que convierto en ficción, tanto los personajes como lo de alrededor. Con mi texto finalista del Planeta, “Villa Diamante”, me pasó eso y con “Tiempo de tormenta” me sucedió algo similar. La relación con mi mamá fue muy única y me apetecía compartirla con los lectores. No a mi madre, sino esa lucha que tuvimos por la libertad y la individualidad de cada uno. Los nombres son Belén y Boris, pero luego hay mucho novelado, como la parte en la que hablo de Venezuela.

-Cuando comentas experiencias tuyas menos agradables, como la violación que relatas de pequeño, ¿desde dónde lo haces? ¿Rencor? ¿Serenidad?

-Por eso utilizo la novela. En una biografía tienes más derecho a expresarte desde el rencor, pero es que a mí este sentimiento, al igual que la verdad, me parece muy mal educado. Lo muy personal es muy personal y me choca convertirlo en algo que se exponga. De ahí mi relación con las redes sociales, donde un “yo” falso se nutre de ese mediocre “yo” que es el verdadero. Esa combinación cutre no me va nada. Por eso mi novela no tiene rencor sino sentido periodístico, que es como en el fondo me atrae escribir. De hecho, recurro mucho a los periódicos y hasta mi columna de El País nació por una novela que no conseguía terminar. Sé que el periodismo está en peligro de extinción, pero me complace formar parte de una generación que ha vivido el gran paso del periodismo a la literatura y que observa cómo todo eso empieza a resquebrajarse y a perderse esa terrible influencia.

-¿Te sientes mayor o joven?

-Ambas cosas. Me siento muy mayor cuando me veo, pero también pienso que estoy más delgado y todo me sienta mucho mejor que antes y eso me parece increíble. Un amigo mío, vendedor de ropa, me decía que había que esperar cuarenta años para ponerse lo de los desfiles y ahora estoy en ese momento. Tengo la edad y el físico y es algo que me ha dado Miami. El océano tan cerca te aliviana mucho con respecto a los años. Te ves mejor, quizás, que en otras ciudades.

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