Antonio Canales “He aprendido a no entregarlo todo en el amor”

Una moneda de dos caras” es la apuesta con la que, después de cuatro años sin montar nada propio, vuelve Antonio Canales a los escenarios mostrando la dualidad entre la persona y el artista

Ricardo Castillejo

Tanto Antonio Gómez de los Reyes como Antonio Canales nacieron en Sevilla y, aunque son la misma persona, no tienen mucho que ver el uno con el otro. Tímido el primero, canalla el segundo, ambos forman parte del entramado de “Una moneda de dos caras”. Una aventura en la que se mezcla danza, teatro, música e imagen y que nos permite indagar en la vida del que es uno de los grandes mitos actuales del flamenco en la actualidad. Después de participar en montajes como “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” o “El amor brujo”, vuelve con fuerza a los escenarios alguien que, por su contundencia y su carisma, a nadie deja indiferente.

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“En Facebook pongo mis relatos de viajes y la gente, en privado, me cuenta sus penas. Soy “la” Elena Francis del flamenco”

-¿Qué tal ha resultado ese reencuentro con su compañía?

-Muy emocionante. Estaba el Auditorio de Palma lleno. Es un monólogo desgarrador que ha vuelto a darme confianza. Además, Benito Zambrano, y otros amigos, me han ayudado mucho. En la multitud de consejos está la victoria. Me gusta tener salidas de emergencia con las que ver la luz. Son cuatro actos en los que hablo de la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. Me quedo en mis 52 años cayéndome un chaparrón del que me tapo con un paraguas. Pasamos de la risa al llanto dentro de un montaje novedoso e intimista en el que vamos nueve artistas y nueve técnicos.

-¿Existen muchas diferencias entre Canales artista y persona?

-Creo que sí aunque, en el último monólogo, afirmo que al artista lo amo y lo necesito. Fui un niño normal, nacido en Triana, cofrade hasta que apareció el otro, salvaje. Ahora nos llevamos mejor.

-Haciendo balance, ¿más penas o más alegrías?

-Ha habido de todo pero lo que sí es verdad es que la alegría es efímera y dura poco. Por eso recordamos más lo malo. Los dolores duran dentro (el desamor, las decepciones…). Sea como sea, no me puedo quejar. He tenido más éxitos y bondades.

-¿En qué situación se encuentra en la actualidad?

-Estoy a gusto, haciendo lo que me apetece. Vivo en el campo, cerca de los animales, elijo mis trabajos (y eso que ha caído una tremenda), el año pasado fueron 110 galas… Desde que mi hijo Antonio, que es muy juicioso, lleva la oficina, lo laboral marcha muy en orden. Y luego, en el flamenco, tras la muerte de Paco, de Enrique, como que me he convertido en un “oso cavernario”, en un referente. Temerán que me vaya a morir… (risas).

 Ricardo Castillejo

“Como Antonio soy distraído, hogareño, no te aburres conmigo. Parezco un buen perrito (risas). Por eso cuando amo no quiero a Canales cerca”

-Pero no tiene esta intención, ¿verdad?

-¡Para nada! Hace muchos años sí quise desaparecer pero hoy estoy feliz en el amor, con mi ex, Maleni, con mis hijos…

-Ya que lo menciona, ¿qué ha aprendido del amor?

-A no entregarlo todo. A guardarte un as de bastos. Es más de lo que esta sociedad piensa que es. No es depender de alguien ni menguar tú porque luego te quedas desierto. Se puede compartir de una forma más amplia que la que nos enseñan en la Iglesia. El amor es lo más bello pero también el arma más peligrosa. Es ir los dos a una pero no siempre juntos. Cuando se pierde el terreno no es amor, sino códigos que nos llevan a la ruina. Eso muy pocas parejas lo superan.

-Entonces, ¿desde qué perspectiva lo contempla?

-Hay que intentar ser claro. Lo bueno es poder comunicarse. Saber que te ama y que tú le amas porque, ante las dificultades, el amor todo lo puede. Luego, contemplarlo con menos pasión, egoísmo y posesión. Cuando más joven eres más celoso. A medida que pasa el tiempo, cuanto más racional eres, mejor.

-¿Le han querido o ha querido más?

-Pienso que siempre he querido más yo pero también he sido querido hasta la locura… Y herido hasta la locura…

-¿Se termina uno curando de eso?

-No, no tiene cura. Es un virus que deja cicatrices que, cuando cambia el tiempo, duelen. No eres dueño de los recuerdos… Yo me quedo petrificado con los americanos, que se casan ocho o nueve veces. Amar con los cinco sentidos… amas dos veces como mucho. Tres es multitud.

-¿Es difícil como compañero sentimental?

-No, de veras que no. Las dos parejas grandes que he tenido, y que todo el mundo sabe quiénes son, creo que estarán de acuerdo en eso. Como Antonio Gómez soy distraído, hogareño, no te aburres conmigo. Soy como un buen perrito (risas). El otro es el provocador. Por eso cuando amo no quiero a Canales cerca. Nadie puede poseerlo. Pertenece a la gente. Mi forma de bailar crea morbo en hombres y mujeres y, la persona que esté a mi lado, tiene que comprenderlo.

-¿Se lleva bien con las redes sociales?

-Sí. Me encanta “Facebook”. Ahí pongo mis relatos de viajes y la gente, en privado, me pregunta muchas cosas y me cuenta sus penas. Soy “la” Elena Francis del flamenco.

-Sin embargo, la “tele” sí que le ha jugado malas pasadas… (como la famosa historia de la playa)…

-Aquello fue una traición y el público lo comprendió. Salí con Cantizano y ya no más. No es el terreno donde me muevo y, en este caso, ha podido la danza y el baile. Cuando voy con mi hijo –y algunos piensan que es mi pareja-, me dicen muchos piropos y me dan ánimos y apoyo. Lo demás no me interesa.

“Como Antonio soy distraído, hogareño, no te aburres conmigo. Parezco un buen perrito (risas). Por eso cuando amo no quiero a Canales cerca”

“Como Antonio soy distraído, hogareño, no te aburres conmigo. Parezco un buen perrito (risas). Por eso cuando amo no quiero a Canales cerca”

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