Ana Reverte: “Perdí las ganas de vivir y abandoné a mi familia y a mis amigos”

La mítica cantante ha estado casi diez años de su vida retirada por una afección de la que no descubrían su origen pero que, lejos de amilanarla, ha sido una prueba tras la que regresa a la música con más fuerza que nunca

por Ricardo Castillejo

Su tema “Enamorarse” llegó a alzarse con la victoria del Festival de la OTI en 1993 dentro de una trayectoria en la que nunca se ha cansado de investigar nuevos horizontes, tal y como han demostrado sus treinta álbumes grabados. Con más de cinco millones de discos vendidos, hace una década su destino le tenía preparada una inesperada vuelta de tuerca, viéndose obligada a retirarse por una afección que, ya superada, no le ha impedido regresar, a sus sesenta y cinco años, con “A solas contigo”, trabajo cuya carta de presentación es “Cuando calla el cantor”, revisión del clásico de Mercedes Sosa que nuestra paisana de Los Corrales ha grabado nada más y nada menos que junto a Henry Méndez, uno de los reyes del sonido latino.

ana reverte 01-Antes de nada, ¿en qué momento vital te pilla este regreso?

-Es uno estupendo. Hace tres años pensé que podía volver pero lo tuve que dejar porque me engañé a mí misma. Hasta que hace ocho meses sí me planteé que estaba preparada. Me contrataron en Sabadell, hice un concierto el Teatro Principal y, a partir de ahí, empecé a grabar el disco.

-Casi una década de ausencia… ¿Por qué? ¿Qué te ha sucedido?

-La verdad es que ha sido muy duro. Hasta llegué a coger una depresión de todo lo que tenía encima. Siendo inquieta e independiente me vi obligada a depender de los demás. Las 24 horas necesitaba alguien al lado. Se te rompe todo y, aunque quieras recuperarte, sabes que algo falla. No había forma de dar lo que tenía. Apareció una alergia a un montón de alimentos que me envenenó el cuerpo pero no era el motivo de los ataques y las convulsiones que sufría cada poco (y que me metían en la cama varios días). Mi ánimo se iba deteriorando y se iba apagando. Empecé a hacerme pruebas (como unas en Málaga, donde me tuvieron una semana en una habitación de dos metros con la cabeza llena de cables –para luego decirme que no tenía nada-) y me gasté un dineral en medicinas y en profesionales. Hasta que fui a un doctor del seguro y me descubrió en una ecografía que el origen de todo era una obstrucción en la carótida derecha. Llegué a volverme loca de los dolores de cabeza que padecía. Me operaron… y nunca más.

-¿De dónde sacaste en ese tiempo la motivación?

-De mi fuerza de voluntad. No entendía por qué tenía que estar así y no me conformaba. Cuando pasaba las crisis me volvía a levantar pero volvía a caer. Perdí las ganas de vivir y abandoné a mi familia y a mis amigos.

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-¿Cómo es tu vida en la actualidad?

-Mira, esto empezó con 55 años. Ahora tengo 65. Si me sintiera con las piernas cansadas, o como veo personas de mi edad (a las que su cuerpo les ha dicho “hasta aquí”)… Pero es que yo salgo a andar y no hay quien me pare (risas). Mi vida es como era antes de lo que te contaba. Una vida normal.

-¿Vuelves distinta en tu manera de cantar?

-Siempre he ido evolucionando. Desde “El cante de Ana Reverte”, mi primer trabajo, donde iban seguiriyas, soleares y tarantas, he ampliado horizontes. Todo no se encierra en el flamenco, aunque te sirva para fusionarlo con muchos estilos y hacer cosas maravillosas. Respeto a quien opte por lo tradicional pero yo no soy de esos. Y luego mi voz está casi intacta. No es la de los 18 años pero ganas matices. Antes había juventud y una garganta que no había quien la parara y gracias a ello estoy aquí porque, si tuviera la mitad de voz, no volvería. Prefiero perder un veinte por ciento de potencia y quedarme con lo que tengo.

-Sé que estás enamorada pero el amor, ¿qué es? ¿Es distinto con 65 años?

-No… Es un error decir que no te enamoras con 65 años o que no hay “mariposas en el estómago”. Sobre todo entre quienes somos joviales. Con 15 años tenía los pies en el suelo igual que ahora pero a la vez tengo ilusiones de adolescencia. Eso me gusta. Me hace sentir viva.

-¿Tienes alguna deuda con la vida? ¿Ser madre, por ejemplo?

-No. En su momento me lo planteé pero luego me di cuenta que no. Soy muy independiente y no creo que hubiera sido para mí.

-Pero de niña sí que tienes mucho…

-Sí. De hecho creo que voy a ser siempre la “eterna niña”. Y la “eterna madura” porque recuerdo que, con seis o siete años, mi madre me hablaba como a una mujer. Es una compensación. He tenido mucha madurez para entender situaciones, para callarme lo que no debía decir pero, a la vez, conservo esa esencia de niña que me fascina. En general, todas las mujeres llevamos una niña dentro, aunque no la saquemos.

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One Response

  1. Carmela

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