Ana Guerra: “Estamos en un espejismo que se irá calmando poco a poco”

La concursante de “Operación Triunfo”, que ayer estrenó su videoclip, “Lo malo”, con su compañera Aitana, es una joven tinerfeña que habla claro y sin tapujos después de conseguir un sueño que le ha permitido entrar por la “puerta grande” en el mundo de la música

por Ricardo Castillejo

 

Ana Guerra. O “Anita War”. O una de las concursantes del regreso de “OT” que más ha calado entre el público. Joven. Valiente. Decidida. Una cantante que lleva desde pequeña intentando encontrar un lugar en la música y que, gracias a la televisión, lo ha conseguido. Al menos está en el buen camino. El 2 de junio actuará en Sevilla dentro de la gira por toda España del programa y, mientras, promociona los temas que le han hecho popular y novedades como “Lo malo”, del que ayer estrenó videoclip junto a su compañera, Aitana Ocaña, todo ello recogido en un disco-revista del que se siente muy orgullosa. Igual que de su relación con Jadel, otro intérprete surgido de un “talent show” –en su caso, “El número 1”-, con el que, actualmente, comparte vida y profesión.

-Los primeros concursantes de “Operación Triunfo” no sabían a lo que iban. Vosotros, a pesar de que desconocíais que funcionaría tan bien, sí. ¿Cuál era tu objetivo en realidad?

-A aprender. Por encima de todo. Es un master que no me podía permitir, con un profesorado brutal y suponiendo una experiencia solo con la música y despreocupada de lo demás. En mi caso he aprendido muchas cosas. De cada profesor algo. Y luego, en general, que querer es poder. Si tú eres el primero en establecerte un techo, estás luchando contra ti mismo. Por eso mi mayor enseñanza ha sido no ponerme límites.

-¿Cuánto de lo que ha sucedido en la academia era de verdad y cuánto televisivo?

-Mira, yo como espectadora de otros “talent” pensaba que, si alguien lloraba, era porque sabía que tenía que hacerlo pero te puedo asegurar que todo lo que pasaba en “OT” era real. Por eso éramos tan viscerales y teníamos días tan buenos y tan malos. Para mí ha sido una alegría pensar que, a lo mejor, la televisión sí que puede ser de verdad.

-Cuando has salido, ¿qué has notado distinto?

-La rutina cambia. Ya no puedes ir a comer a un sitio sin que te paren o en las radios hay gente fuera… Vendía perfumes en El Corte Inglés y ahora me levanto cada mañana dedicándome a lo que me gusta. Eso ha sido lo más bestia.

-Curiosamente tu pareja también viene de un concurso que ganó… ¿Qué tal eso desde dentro? ¿Hay celos de artista?

-No… Jadel es supergeneroso y es tan buena persona que es feliz con la felicidad de los demás. No solo no tenemos rivalidad sino que me apoya y, como estoy empezando, para que no me sienta sola me acompaña a diferentes ciudades y conciertos. Es maravilloso poder tener al lado alguien que ha vivido una experiencia similar. Te sientes muy comprendida.

-¿Es admirador tuyo?

-¡Sí! Está encantado con mi paso por el programa y es mi primer “fan” pero también mi mayor crítico porque, para decirme que lo hago bien ya hay muchos. Somos un equipo y trabajamos como tal.

-En aquella primera edición de “OT” todos necesitaron psicólogos para superar lo que les supuso. ¿Será también vuestro caso?

-Yo de momento no lo tengo (ni tengo tiempo) pero no te digo que no vaya a recurrir a alguno porque es un cambio brutal. Nosotros, al estar en las mismas circunstancias, lo que hacemos es apoyarnos y crear vínculos. También les preguntamos a los profesores.

-¿Qué es lo que te está resultando más difícil?

-No pasar tiempo con los míos. El otro día en Tenerife tenía que ir al súper y no sabía qué hacer. Te ves un poco desubicada.

 

-¿No es preocupante eso de sentirte vigilada?

-Estamos en un momento superálgido, en un espejismo que se irá calmando poco a poco. Sí que me molesta cuando me hacen fotos comiendo, como si no me diera cuenta, o las que salen luego en revistas pero entiendo que es solo una etapa.

-¿A qué sabe el éxito?

-A sonrisa. Desde que abres los ojos todo está por descubrir y eso da una felicidad que no se paga por dinero.

-¿Te planteas cuánto va a durar esto?

-No porque yo me dedicaré a la música sea en la calle o en un Estadio San Jordi. No es algo que se vaya a acabar nunca.

-¿Lo mejor y lo peor de ti?

-Me considero supersencilla pero, en el fondo, soy como un tío. Nada de los clichés típicos de las chicas, con lo que no me saques de compras porque lo odio (risas). Y luego soy demasiado crítica conmigo misma. En cuanto a virtudes, la perseverancia.

-Por cierto, ¿el tema que llevamos a Eurovisión es la mejor opción?

-Sí. Aitana y yo lo comentamos, que lo hubiéramos votado aunque nos encante “Lo malo”. “Tu canción” tiene magia, amor y dos músicos increíbles para defenderla. Los ingredientes perfectos para ganar.

-Dicen que la pareja de Amaia y Alfred se está manteniendo hasta que pase el Festival…

-Lo que hay es tan de verdad… Eres testigo de vídeos o fotos que no publican, y gestos que no salen, y sabes que es así. No necesitaban una estrategia. Estaban siendo grandes candidatos.

-También se habló de un romance tuyo con Mimi…

-Sí. Supongo que se necesitaba “salseo” y nos tocó a nosotras. Nos queremos un montón pero nos conocíamos de antes y esa confianza lo mismo no se entendió dentro del programa. Para quien tenga la duda, no hay nada… (risas).

-Tenéis una trascendencia social, en especial en los más jóvenes… ¿Eres consciente de ello?

-Sí, claro. Soy superconsecuente con todo lo que hago y digo. Tengo unos principios que pueden valerle a quien lo desee pero yo hablo con responsabilidad y mando unos mensajes muy claros. Brindo por la igualdad y porque la gente consiga sus sueños.

-¿Cómo reaccionarías, que está muy de moda, ante un chantaje sexual-laboral?

-Lo gritaría a los cuatro vientos. Creo que es mi mayor poder ahora que tenemos muchos seguidores y micrófonos que nos dan voz. Lucho contra estas injusticias y desde aquí advierto que nadie se atreva conmigo porque no soy nada tolerante con el machismo. Hasta haría una huelga o lo que fuera necesario con lo que, a todas las mujeres (y hombres), que puedan sufrir algo así les pido que no se dejen nunca. No son menos que nadie.

 

 

 

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