Amores queridos…

CGpjFFlWwAAH59g.jpg large…amores reñidos. Al menos eso es lo que dicen por ahí… Y añado yo: “sin pasarse, claro”. Es decir, que cierta dosis de tensión en algún momento está bien cuando sea por un enriquecimiento conjunto del que se desprenda un crecimiento posterior pero, la imagen que me transmiten muchas parejas protagonizando enfrentamientos que pueden llegar a ser casi épicos, para mí al menos, es poco menos que patética.
Cierto es que los límites de las cosas están tan cercanos que el riesgo de cruzarlos es bastante elevado y, cuando menos uno lo espera, hemos traspasado la frontera del bien al mal, de la amistad al recelo, del amor al odio. Por eso hay que ir con mucho cuidado en esos momentos de enfado, midiendo las palabras que salen de nuestra boca y que, por engañosas, pueden ser la semilla de la discordia donde antes reinaba la paz.
Así que, cuando el otro día me contaba Shaila Dúrcal cómo con su marido, Dorio, solían “bronquear” de vez en cuando, me saltó una señal de alerta que ella enseguida calmó contándome: “Somos dos personas con carácter pero las discusiones, aunque sean fuertes, las limitamos al plano profesional. Eso lo sabemos diferenciar perfectamente”.
De promoción en España para una gira que quiere hacer en verano, la hija de Rocío Dúrcal estuvo sincera conmigo enseñándome sobre todo que, cuando dos se quieren, siempre encuentran la forma de entenderse sin imponerse uno al otro. Dejarlo en tablas es una victoria si en la batalla se corre el riesgo de que haya heridos.

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