Aferrados a la vida

 

 

Cumple 102 años Kirk Douglas y lo veo ahí, tan viejecito, tan poquita cosa pero, a la vez, tan aferrado a la vida como esos olivos centenarios que se agarran a la tierra con unas raíces, sólidas y profundas, que soportan todos los devenires que el destino les tenga preparados. Contemplo al actor y no puedo dejar de admirarme ante esa capacidad que tienen ciertas personas de exprimir a cada día, y hasta el último día, cada minuto, cada experiencia, cada etapa que les va tocando.

Recuerdo a otras “estrellas” como Oliva de Havilland, de la misma edad que “Espartaco”, o, en su momento, Katharine Hepburn -actuando hasta el final a pesar de su Parkinson-, o, si miramos a nuestro país, inolvidables del talento de Aurora Redondo -a la que tuve oportunidad de ver en el teatro cuando ya había pasado los 90-, o, más recientemente, Sara Montiel, sexy hasta el final de su existencia. Eso por no hablar de ídolos actuales de la categoría de Raphael, incombustible a pesar de ir camino de los 80.

Es un misterio lo de salir victorioso de plantarle cara al paso del tiempo, pero está claro que, mientras algunos tiran la toalla antes de lo que deberían, otros lo logran. Claro que, estoy seguro, todo pasa por las ganas de seguir. Por concluir que, por encima de la putada que es perder facultades y, en especial, bregar con las muchas complicaciones que trae relacionarse con seres humanos, está el ser conscientes de que, o aprovechamos el estar aquí, o, lo más probable, no exista una segunda oportunidad.

 

 

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